Cuando no cambiar, en una época de cambios, es la mejor decisión.
A raíz del desfile de la colección Crucero 2017/18 presentado en el Grand Palais en París, la prestigiosa marca francesa Chanel, cuyo director creativo hoy es el diseñador alemán Karl Lagerfeld, presentó bajo la temática de la antigua griega y con el lema “la modernidad de lo antiguo” un despliegue de escenario y diseños al mejor estilo Chanel.
Los despliegues escénicos se han convertido ya en un esperado cuando de la firma se trata (la nave espacial para la colección 2017, entre otros), y son característicos por su enormidad y su creatividad a la hora de encantar el sentido de la vista. Claro que lo escénico es una introducción a lo que realmente importa (o debería) en una semana de la moda: la colección.
Con la excusa de que “Grecia está mal financieramente”, la autora de la nota decide tachar a Karl Lagerfeld como un aislado del mundo y completo narcisista. Si bien es cierto que es narcisista, y los derechos de las mujeres no son su tópico favorito (algo no muy feliz en esta época), mezclar la moda con la política y la economía es ridículo. Pero el tópico de esta discusión no es si la moda debe o no entrar en política, sino el clasificar a Chanel de aburrido.
Hoy en día, la gran mayoría de las firmas se caracterizan por seguir una tendencia con desesperación, como se vio en el unicorn theme en Estados Unidos, que llegó hasta Starbucks, o de ciertos elementos de vestuario si de moda se trata, popularizados por las llamadas “estrellas” (??) como las Kardashian o Gigi Hadid.
Chanel no. Desde hace años, Chanel se caracteriza por seguir a rajatabla el espíritu de la firma, adaptando las tendencias a su propio esqueleto, sin dejar por eso de ser Chanel. Adaptar una tendencia hoy en día se ha convertido en una tarea dificilísima sin perder la identidad propia de la marca, sin perder la unique selling proposition.
Otro detalle que llama la atención en la nota, es la queja de la falta de “innovación”. Innovación que hoy se ha tergiversado de tal manera, que un montón de telas apiladas una sobre otra se trasforma en un vestido para el MET Gala y todos le dan el visto bueno en nombre de la innovación y la creatividad.
Si nos preguntamos qué es el buen gusto, podríamos discutir días enteros sobre el tema, citando autores y bibliografía. Sin embargo, sin tornarse eruditos ni puristas de la academia, es claro que el buen gusto tiene un período determinado y cambia según la época. ¿La definición de buen gusto está cambiando? En ese caso, ¿debería Chanel renovarse?
El cambio o no es un tema pura y exclusivamente de decisión de la firma. La disposición de Chanel de no innovar, posiblemente, sea acertada en un mercado donde los diseños son cada vez más extravagantes y las tendencias cambian a una velocidad impactante gracias a las redes sociales, la instantaneidad y demás razones que ya son conocidas. Es una decisión que defiende la identidad de la firma, que si bien sí se caracterizó por su innovación, no lo hizo de forma irresponsable: hoy, innovar es necesario para estar vigente, y esa innovación nace de ser fruto de una necesidad de urgencia más que de una explosión creativa, perdiendo su espíritu inicial.
Para Chanel, seguir con la típica chaqueta de tweed, la paleta de colores neutral y la clásica cartera, es defender una identidad que no cambia vertiginosamente ni “innova” desesperadamente como las demás firmas, es defender la identidad que hace años hace a la firma quien es. Hoy, para Chanel, no innovar es la decisión más innovadora que se puede tomar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario